(...) y bueno, me dijo que me fuera, que no lo webeara nunca más y que no quería volver a saber de mí; que no lo llame, que no lo busque, que nunca vuelva a su casa. Tomé mis maletas, abrí la puerta y me dijo:
- ¿A dónde vas, mi amor?
- Voy a buscarme. Chao.
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