lunes, 30 de enero de 2012

Lo inauténtico.


“El ser del Dasein es ser para la muerte, es ese ser que inexorablemente va a morir. Ante esta realidad que es temible y que despierta una enorme angustia y esta angustia releva la muerte, el hombre quiere negarla y para eso se entrega a la existencia inauténtica. La existencia inauténtica consiste en negar que el hombre es ese ser que es para la muerte. El Dasein se entrega al mundo del “se”, “se dice que hay que leer los libros de Harry Potter”, “se dice que hay que ver tal programa, que hay que leer tal diario”, el Dasein inauténtico está determinado desde afuera, lo acepta. Vive en el modo de la pasividad, vive como viven, dice lo que se dice, opina lo que se opina y así está inmerso en el mundo de lo anónimo, no es él es el “uno”. Heidegger hace del “uno”, lo anónimo. Entonces el Dasein quiere unirse a ese “uno”, anónimo, para ser uno más y no pensar por sí mismo y no darse cuenta en algún momento que la muerte inexorablemente será una experiencia suya y que nadie puede morir por ti. El Dasein inauténtico consagra su vida a negar, dice “la muerte le pasa a los otros, ¡como se muere la gente!”, es decir que ese Dasein muerto, ha dejado de ser, como ya no es, pasa a ser una cosa que no está animada por existencia. La muerte es un espectáculo también, pasan los coches, la gente que llora, las flores, es un espectáculo que niega la negación inauténtica que hace el Dasein, la muerte forma parte de lo anónimo que le ocurre a los otros.
El fundamento de la existencia auténtica es enfrentar, aceptar esa finitud. El Dasein auténtico sabe que va a morir y que su ser es para la muerte y lo acepta. Le da densidad a su existencia, lo lleva a una existencia que no se disuelve en el “uno”. El existente auténtico está separado del mundo del “se dice” porque ante todo ha aceptado su condición, elige lo que quiere hacer, leer y hablar; enfrenta la angustia de que nadie puede morir por él. En cambio el existente inauténtico al no poder enfrentar su finitud, enfrenta la vida con una liviandad de lo inauténtico, aceptando todo lo que le dicen, le venden y le cuentan para sofocar la angustia de morir; se niega a aceptar que la existencia tiene misterios y que el fundamento de la existencia es esta capacidad asombrosa del Dasein de saber que va a morir y seguir viviendo. En la vida inauténtica todo misterio pierde su encanto, ya que no va detrás de ningún misterio ni nada nuevo, va detrás de lo que se dijo, se creó y ya se estableció. Voy detrás de lo “uno”, soy una cosa que se disuelve en el anonimato del todo que ha sido creado para que los hombres no tomen conciencia de nada. El mundo de lo uno, de lo que se dice, se habla, de las habladurías es un mundo que está constituido para que el Dasein no tome conciencia de que es un ser para la muerte. ¿Quién constituye el mundo del anonimato para que tengamos una vida inauténtica? Está constituido por los poderosos otros, cuando yo acepto ese mundo estoy bajo el señorío de los otros, que hoy está dado por los medios de comunicación, porque los “sujetos son sujetados” (Foucault), si los sujetos son sujetados a través de los medios, son sometidos. Ese señorío de los otros elimina toda posibilidad de una vida auténtica, yo soy ese tipo que vive repitiendo las ideas que les dicen, las cosas que deben comprar, los programas que deben ver, está aniquilada toda posibilidad crítica de la conciencia. Pasarse la vida bajo el señorío de los otros sin nunca haber dicho una palabra propia, es como haber vivido muerto".

El otro día, cuando estábamos tomando cerveza y dijiste "sí, fui a ver a Paul McCartney, pero no creo que los Beatles sean buenos", me acordé de esto. Hiciste creer que eras auténtico, pero no estabas haciendo más que "escuchar lo que SE ESCUCHA, decir lo que SE DECÍA" en mi entorno. 
Que lata pensar que puedes ser tan inauténtico y que con comentarios chicos como el que escribí más arriba, quedas en evidencia absoluta, porque creo que sé escuchar... y eso, fue lo que escuché. 



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